Siempre sentí la necesidad de desarrollarme al menos en dos áreas: la psicoterapia y el arte. No siempre podía vincular todos mis intereses, mis recorridos, y las identidades que se iban despertando en cada experiencia. Sin embargo hoy creo firmemente que nada de lo ocurrido fue casual ni superfluo. Lo espiritual es es el trasfondo, una manera de llamar a Eso inefable que trenza, entreteje, sostiene y da sentido a las cosas. Bendigo cada búsqueda y lo que puedo aprender de vivir... trenzando mundos. Este es un intento de transmitir algo de ese aprendizaje, aún sabiendo que cada experiencia tiene mucho de intransferible.



SILVIA JUDIT LERNER
Contacto: silviajlerner@gmail.com

LOS AFECTOS DE SIEMPRE

  ¿Qué son "los afectos de siempre”?
Los afectos son como seres vivos que también necesitan alimentación y sustento, que crecen y a veces se reproducen, que se comunican o viven en el mayor silencio, que se enferman o se curan, y que además corren el riesgo de morirse. Algunos nacen por accidente, pero no todos. Algunos terminan por accidente. Y otros después de una larga agonía. Algunos parecen buenos, otros malos. Y nunca terminamos de conocerlos por completo.

   Los “afectos de siempre” parecen ser aquellos que sobreviven no sólo al paso del tiempo, sino al efecto de los cambios. Los nuestros, los de los otros, los del mundo que nos circunda.
   Quizás por eso les damos un valor especial: el de haberse sostenido, el de haber sobrevivido, como si eso denotara un valor especial, una fortaleza considerable.
   Y muchas veces así es. Y esos afectos —esos vínculos— se construyen y se deconstruyen, se generan y se regeneran, pasan por crisis, las superan. Y entonces nos alejamos para vernos mejor y volver a encontrarnos. 
Los vínculos están vivos cuando cambian a medida que cambiamos, y el amor se regenera y toma nuevas formas sin perder contenido.


  Pero a veces “los afectos de siempre” quedan simplemente instalados como viejas fotografías que uno conserva aunque se vayan poniendo amarillentas, aunque ya no reconozcamos las caras, los lugares, los momentos. O como objetos cuyo valor y sentido desapareció hace tiempo. Ya no sabemos de dónde vienen,  por qué los conservamos… Y como esos objetos, nos ocupan un espacio.