Siempre sentí la necesidad de desarrollarme al menos en dos áreas: la psicoterapia y el arte. No siempre podía vincular todos mis intereses, mis recorridos, y las identidades que se iban despertando en cada experiencia. Sin embargo hoy creo firmemente que nada de lo ocurrido fue casual ni superfluo. Lo espiritual es es el trasfondo, una manera de llamar a Eso inefable que trenza, entreteje, sostiene y da sentido a las cosas. Bendigo cada búsqueda y lo que puedo aprender de vivir... trenzando mundos. Este es un intento de transmitir algo de ese aprendizaje, aún sabiendo que cada experiencia tiene mucho de intransferible.



SILVIA JUDIT LERNER
Contacto: silviajlerner@gmail.com

VOLVER AL CENTRO

Cuando vuelvo a mi centro vuelven las palabras acompasadas, el color, las formas, la poesía. Me inunda el amor, que emerge de un profundo respeto y reconocimiento por mí misma, por esa gota de Luz que hay en mí, como en cada uno de nosotros. Respeto y reconocimiento por lo que pude hacer, por lo que hago, por mi dolor, por mis capacidades, por mis dificultades, por todas las vidas que fueron necesarias para llegar aquí.
Cierro la herida.
Y no espero que nadie se haga cargo de cerrarla, que nadie tenga que venir a rescatarme. De mi vida.
Eso. Me miro con respeto. Con apreciación y consideración. Siento lo que soy capaz de sentir. Y detrás de las críticas y los pesares, resplandece también el amor que siento por mis seres queridos. Respeto y reconocimiento. Y puedo valorarlos más allá de lo que espero de ellos y más acá de lo que ellos esperan de mí.
Cuando vuelvo a mi eje aparece mi esencia. Y vuelve la creación, la expresión, la necesidad de manifestarme y, por lo tanto, de comunicar. y es un punto tan luminoso.
Y allí hay paz. Y mucho y tibio amor. Y belleza. Y simples verdades.
Esa es mi casa. Ahí es CASA.






PREGUNTAS ESENCIALES


Quizás la pregunta esencial no sea “¿Estoy siendo yo mismo/a?”, sino “¿Me estoy haciendo a mí mismo/a en la dirección correcta?”
No se puede ser otra cosa que “uno mismo”. Aún cuando copiemos, imitemos o nos identifiquemos con otro, estamos siendo lo que somos: alguien que copia, que imita, que se identifica con otro. Aún cuando nos resistimos a ser, somos.
Pero en realidad, ¿somos?... ¿O permanentemente vamos siendo, —haciéndonos— en cada acto, en cada elección, en cada emoción que dejamos que persista, en cada pensamiento o creencia que cultivamos?
¿Y a qué me refiero con “la pregunta esencial”? A aquella que se pregunta de veras por el sentido de la propia vida, cuya respuesta colabora —precisamente— a perfilar dicho sentido.
Ante cada decisión importante puede ser necesaria esta pregunta: lo que estoy decidiendo, ¿me acerca más a expresar lo profundo de mi ser, o bien, de mi necesidad de ser? ¿Me lleva a realizar lo mejor y más valioso de la potencialidad que hay en mí? ¿Crezco y soy “más verdaderamente yo” si elijo esto? ¿O todo lo contrario?
En otros términos, ¿es este el llamado de mi Alma? ¿Y cómo saberlo?

Hay muchas respuestas posibles. Y cada una tiene consecuencias para la propia vida y también implicancias éticas y morales porque afectan a otros.
A lo largo de mi vida, veo que voy cambiando mis respuestas a algunas preguntas que persisten.
Hoy me parece buena la posición que John Payne sintetiza: no se trata de cumplir “una misión” especial en la vida, supuestamente elegida o asignada antes de nacer, sino de escuchar verdaderamente lo que necesitamos ser. Podemos elegir cualquier misión. Tampoco creo que haya que fomentar un egocentrismo a ultranza. Pero sí aprender a atender a nuestras reacciones emotivas profundas, ese bienestar o malestar que surge cuando estamos buscando nuestro verdadero objetivo, lo que es nuestra verdadera necesidad. Esa que se encubre y distorsiona a veces por miedo, por pereza o por un exagerado sentido del deber a otro.

Cumplir con nosotros mismos nos ayuda también a ser mejores con los otros. Cultivar la propia alegría, el sentido de realización, la autonomía saludable, hacer cosas que nos den expansión y crecimiento, entusiasmo y esperanza, deseo de presente y de futuro, creatividad y paz… seguramente aporta a nuestra capacidad de amor y de generosidad.

Eso no significa que no debamos atravesar conflictos de intereses, dudas, angustias… y a veces también postergar algunas cosas. Pero eso es parte de la vida. Y quizás lo verdaderamente importante sea vivirla a pleno, con sus luces y sus sombras. Pero en conciencia.