Naturalmente
tendemos a creer que el mundo se nos presenta "tal cual es", igual
para todos, y que nuestra percepción nos muestra y describe a la perfección lo
que ocurre. Crecemos convencidos de que "hay que ver para creer"
porque la mirada es totalmente confiable, un puro espejo de los
acontecimientos. Por eso nos sentimos tan heridos o enojados cuando otra
persona interpreta los hechos o los dichos de una manera diferente.
"INTERPRETAR”
es la palabra clave. Numerosos investigadores de la naturaleza y el
comportamiento humano demostraron que no nos relacionamos con lo que nos rodea
en forma directa: la percepción es un registro de vibraciones —visuales,
tactiles, auditivas, etc.—, que nuestro cerebro decodifica e interpreta de
acuerdo a lo que conocemos, a lo que hemos aprendido, y al estado particular
que tenemos en cada momento.
En síntesis: toda percepción es una interpretación, teñida por emociones y
recuerdos; es decir: siempre subjetiva, nunca realmente "objetiva". Y
cada uno es un particular observador de la realidad, armándose su propia idea
de las cosas, que se confirma como "verdadera" cuando otros coinciden
en la misma interpretación.
Pero la historia está llena de "Verdades
absolutas" que con el tiempo se demostraron provisionales o directamente
falsas.
Poseer "La Verdad" siempre fue un
argumento para detentar El Poder.
Cuestionar la idea de objetividad —es decir,
del acceso absoluto a una verdad también absoluta— tiene consecuencias muy
profundas en la propia vida y en las relaciones.
Cuando se toma conciencia del observador que
uno es, cuando advertimos el poderoso acto de interpretación y por lo tanto de
construcción personal que significa mirar y escuchar, cuando comprendemos que
nuestra percepción no es sino interpretación, la vida puede girar 180 grados. Y
nuestra forma de ser y de relacionarnos con los otros se modifica radicalmente.
Mucho de esto lo aprendí en mi formación como Coach, junto
a Julio Olalla y Rafael Echeverría, después de lo cual mi horizonte se amplió
enormemente y muchos aspectos de mi vida cambiaron para siempre.
Sé que esta noción al comienzo puede inquietar
e incomodar, porque ¿qué hacemos si no hay una forma única de pensar las cosas?
...
Pero luego expande el alma, la mente, el corazón, cuando
advertimos que hay más de una manera de escuchar el mundo, de pensar la vida,
de mirar la realidad y ser con ella.
(Más desarrollo de este y otros temas de Ontología
del Lenguaje y Coaching en www.trenzandoideas.blogspot.com
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