Siempre sentí la necesidad de desarrollarme al menos en dos áreas: la psicoterapia y el arte. No siempre podía vincular todos mis intereses, mis recorridos, y las identidades que se iban despertando en cada experiencia. Sin embargo hoy creo firmemente que nada de lo ocurrido fue casual ni superfluo. Lo espiritual es es el trasfondo, una manera de llamar a Eso inefable que trenza, entreteje, sostiene y da sentido a las cosas. Bendigo cada búsqueda y lo que puedo aprender de vivir... trenzando mundos. Este es un intento de transmitir algo de ese aprendizaje, aún sabiendo que cada experiencia tiene mucho de intransferible.



SILVIA JUDIT LERNER
Contacto: silviajlerner@gmail.com

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VOLVER AL PROPIO CENTRO, que coincide con el centro del Universo

Me voy un tiempo de cualquier lado (por ejemplo, Facebook) ¡y todo cambia!
A veces siento que el tiempo va más rápido que todos nosotros. Dicen que la ascensión energética de la tierra trajo una vibración mayor que la de nuestros cuerpos. O sea: el planeta (y el tiempo) ¡van más rápido que nuestras partículas! Eso explicaría parte de la inquietud y desazón de estos tiempos... aunque sólo una parte.
 La meditación nos ayuda a centrarnos. En medio de este torbellino físico y emocional.

Como persona y como terapeuta, sigo confiando en que dentro de nosotros hay un centro de calma, serenidad y silencio. El verdadero ojo de la tormenta, donde todo se aquieta.
La meditación, la creatividad, el pensamiento inspirado, la sabiduría, la música, el amor, el color, el servicio, el tratarse bien a uno mismo y a los otros... Quizás sean muchas puertas para entrar en un solo lugar. 


Que hoy encuentres tu puerta.

VOLVER AL CENTRO

Cuando vuelvo a mi centro vuelven las palabras acompasadas, el color, las formas, la poesía. Me inunda el amor, que emerge de un profundo respeto y reconocimiento por mí misma, por esa gota de Luz que hay en mí, como en cada uno de nosotros. Respeto y reconocimiento por lo que pude hacer, por lo que hago, por mi dolor, por mis capacidades, por mis dificultades, por todas las vidas que fueron necesarias para llegar aquí.
Cierro la herida.
Y no espero que nadie se haga cargo de cerrarla, que nadie tenga que venir a rescatarme. De mi vida.
Eso. Me miro con respeto. Con apreciación y consideración. Siento lo que soy capaz de sentir. Y detrás de las críticas y los pesares, resplandece también el amor que siento por mis seres queridos. Respeto y reconocimiento. Y puedo valorarlos más allá de lo que espero de ellos y más acá de lo que ellos esperan de mí.
Cuando vuelvo a mi eje aparece mi esencia. Y vuelve la creación, la expresión, la necesidad de manifestarme y, por lo tanto, de comunicar. y es un punto tan luminoso.
Y allí hay paz. Y mucho y tibio amor. Y belleza. Y simples verdades.
Esa es mi casa. Ahí es CASA.