Siempre sentí la necesidad de desarrollarme al menos en dos áreas: la psicoterapia y el arte. No siempre podía vincular todos mis intereses, mis recorridos, y las identidades que se iban despertando en cada experiencia. Sin embargo hoy creo firmemente que nada de lo ocurrido fue casual ni superfluo. Lo espiritual es es el trasfondo, una manera de llamar a Eso inefable que trenza, entreteje, sostiene y da sentido a las cosas. Bendigo cada búsqueda y lo que puedo aprender de vivir... trenzando mundos. Este es un intento de transmitir algo de ese aprendizaje, aún sabiendo que cada experiencia tiene mucho de intransferible.



SILVIA JUDIT LERNER
Contacto: silviajlerner@gmail.com

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PREGUNTAS ESENCIALES


Quizás la pregunta esencial no sea “¿Estoy siendo yo mismo/a?”, sino “¿Me estoy haciendo a mí mismo/a en la dirección correcta?”
No se puede ser otra cosa que “uno mismo”. Aún cuando copiemos, imitemos o nos identifiquemos con otro, estamos siendo lo que somos: alguien que copia, que imita, que se identifica con otro. Aún cuando nos resistimos a ser, somos.
Pero en realidad, ¿somos?... ¿O permanentemente vamos siendo, —haciéndonos— en cada acto, en cada elección, en cada emoción que dejamos que persista, en cada pensamiento o creencia que cultivamos?
¿Y a qué me refiero con “la pregunta esencial”? A aquella que se pregunta de veras por el sentido de la propia vida, cuya respuesta colabora —precisamente— a perfilar dicho sentido.
Ante cada decisión importante puede ser necesaria esta pregunta: lo que estoy decidiendo, ¿me acerca más a expresar lo profundo de mi ser, o bien, de mi necesidad de ser? ¿Me lleva a realizar lo mejor y más valioso de la potencialidad que hay en mí? ¿Crezco y soy “más verdaderamente yo” si elijo esto? ¿O todo lo contrario?
En otros términos, ¿es este el llamado de mi Alma? ¿Y cómo saberlo?

Hay muchas respuestas posibles. Y cada una tiene consecuencias para la propia vida y también implicancias éticas y morales porque afectan a otros.
A lo largo de mi vida, veo que voy cambiando mis respuestas a algunas preguntas que persisten.
Hoy me parece buena la posición que John Payne sintetiza: no se trata de cumplir “una misión” especial en la vida, supuestamente elegida o asignada antes de nacer, sino de escuchar verdaderamente lo que necesitamos ser. Podemos elegir cualquier misión. Tampoco creo que haya que fomentar un egocentrismo a ultranza. Pero sí aprender a atender a nuestras reacciones emotivas profundas, ese bienestar o malestar que surge cuando estamos buscando nuestro verdadero objetivo, lo que es nuestra verdadera necesidad. Esa que se encubre y distorsiona a veces por miedo, por pereza o por un exagerado sentido del deber a otro.

Cumplir con nosotros mismos nos ayuda también a ser mejores con los otros. Cultivar la propia alegría, el sentido de realización, la autonomía saludable, hacer cosas que nos den expansión y crecimiento, entusiasmo y esperanza, deseo de presente y de futuro, creatividad y paz… seguramente aporta a nuestra capacidad de amor y de generosidad.

Eso no significa que no debamos atravesar conflictos de intereses, dudas, angustias… y a veces también postergar algunas cosas. Pero eso es parte de la vida. Y quizás lo verdaderamente importante sea vivirla a pleno, con sus luces y sus sombras. Pero en conciencia.

CAMBIO PERSONAL: ¿EVOLUCIÓN O REVOLUCIÓN?

Adoro las conversaciones con mis amigas, especialmente con aquellas con las que sobrevolamos nuestras vidas, mirándolas en perspectiva, tratando de comprender y asimilar formas comunes y líneas diferenciales.
Repasamos y reconocemos los avatares de las vidas individuales, de los vínculos, del país, y también del mundo.
Porque... ¿cómo podríamos marginar nuestras existencias individuales y familiares, separándolas de los acontecimientos que nos rodean?...
De todos modos, trazamos planos en nuestra imaginación que luego no coinciden con los grandes mapas del universo. Anhelamos una evolución lineal y ascendente de nuestros proyectos, cuando sabemos —en rincones más sabios de nuestro corazón— que el camino recto tiene muchas vueltas.
Y nos encontramos con la persistencia de un malestar insidioso, de una indefinida angustia que no afloja ni calla, aunque no sepamos con claridad qué dice.
—Tal vez se trata de la porción de sufrimiento del mundo que a uno le toca...— sugiere mi amiga Gabriela.
Visto desde ese lugar, planeando desde arriba, parece tan pequeño e insignificante el propio malestar... que es fácil caer en la tentación de sentirse un poco más descontenta, esta vez con una misma. O sea: culparse.
—Yo suelo creer que mi malestar proviene de lo que no termino de hacer. Que si lograra publicar todo lo que he escrito, o pintar lo que no pinto, mi vida sería diferente. También, por otro lado, suelo creer que si los que quiero me quisieran como necesito ser querida, viviría un Disneylandia permanente.
—Sin embargo, uno ve gente que parece tener la vida de realización y amor que una desearía, y tampoco se ven felices...
“La pelota del otro siempre parece redonda, pero todas en algún punto se ovalan...”, recuerdo que alguien me dijo sabiamente.

La gente no es feliz en forma estable y permanente.
Esencias florales, psicoterapia, meditación, yoga, charlas con sabios amigos y con amigos sabios... Mil modos de seguir buscando un cambio de percepción para sentir diferente.
La evolución del alma: el camino para que la angustia, poco a poco, gota a gota, se transmute. Promesas de coros angélicos celebrando la resurrección tras dejar atrás los infiernos de la carne. Del amor frustrado. Del reconocimiento insuficiente. Del tiempo implacable y también insuficiente. De la lucha que, como sabemos, es cruel y es mucha. Y del mundo que, también sabemos, siempre fue y será una porquería. Ya lo sé.

¿Y si fuera al revés?...
¿Y si hubiera que agarrar esa angustia, esa ansiedad, por el cogote, y sacudirla hasta que soltara prenda?... ¿Si hubiera que encararla y obligarla a que nos conduzca —como un Can Cerbero dominado— hacia el otro lado del abismo?...
¿No será la evolución del alma el argumento para quedarnos aquí, siguiendo con el picnic a pesar de las hormigas, para no pegar el salto al festín que siempre suponemos en la otra orilla?... Allí, donde los lirios siempre son más amarillos y la hierba más verde.
¿No es esta dieta saludable de opciones consecuentes, reflexivas, hipocalóricas e hipocondríacas lo que nos mantiene sumisos y ordenados, tratando de de evitar el peligroso colesterol de las pasiones?

Dos voces internas se pelean, enredándose en una trifulca estrepitosa.
Somos dignas hijas de nuestro tiempo. El fruto de crecer entre el Flower Power, América Liberada, la New Age y el descarnado postmodernismo.
¿Evolución del Alma?... ¿O revolución?...
¿Y si la angustia pequeña, comprimida como un caldito en cubo, fuera la sustancia de la sopa con la que el alma precisa alimentarse de veras? ¿Qué pasaría si le diéramos espacio en nuestros huecos, y le vertiéramos el agua de las emociones? ¿Y si tuviéramos que escucharla para que nos dijera lo que necesitamos cambiar, en lugar de acallarla?:..


Cuando Buda se iluminó, no cambió el mundo, sino Buda.

¿Evolución? ¿O Revolución del Alma?