Siempre sentí la necesidad de desarrollarme al menos en dos áreas: la psicoterapia y el arte. No siempre podía vincular todos mis intereses, mis recorridos, y las identidades que se iban despertando en cada experiencia. Sin embargo hoy creo firmemente que nada de lo ocurrido fue casual ni superfluo. Lo espiritual es es el trasfondo, una manera de llamar a Eso inefable que trenza, entreteje, sostiene y da sentido a las cosas. Bendigo cada búsqueda y lo que puedo aprender de vivir... trenzando mundos. Este es un intento de transmitir algo de ese aprendizaje, aún sabiendo que cada experiencia tiene mucho de intransferible.



SILVIA JUDIT LERNER
Contacto: silviajlerner@gmail.com

Datos personales

DE LO INDIVIDUAL A LO CÓSMICO

No sólo somos seres en el mundo. Somos seres en el Universo. Somos una parte de Todo- lo -que -Existe y de Todo-lo-que-Es: una pieza inseparable del Aquí y Ahora, que no sería igual sin nuestra aparentemente minúscula existencia.
 Parafraseando a Ken Wilber, nuestra identidad individual es “algo” que el “Sí mismo” está haciendo. Eso es nuestra vida y algún día dejará de ser.

   Cuando leo o pienso en ciertos aspectos de la energía del momento, expresados por los movimientos de los gigantescos cuerpos celestes, no dejo de preguntarme cómo diferenciar si lo que siento es “mío” – producido por el devenir de mi propia historia – o un efecto de influencias cósmicas.
   Probablemente sea una pregunta mal formulada: somos seres individuales pero estamos dentro de un inmenso entramado. La ilusión de ser seres separados constituye el Ego, el Yo como se forma en nuestra cultura, y que hoy está cambiando profunda y radicalmente. Somos seres individuales, pero a la vez somos seres en relación.
   Pensar que nuestra energía expresa y canaliza energías de otros órdenes nos ayuda a situarnos en un paisaje infinitamente más abarcativo, progresivamente inclusivo, que empieza viéndonos como seres que forman vínculos, luego familias, grupos, sociedades… hasta que nos hace comprender nuestro papel como órganos que participan de la vitalidad del planeta, y finalmente piezas en la inmensa maquinaria del Universo. Quién sabe cuántos Ordenes más nos constituyen.

   Nuestra conciencia necesita trabajar para discriminar cuándo las cosas que nos pasan requieren una perspectiva individual, y cuándo hay que ampliar la mirada. Desde mi punto de vista, siempre son necesarias ambas cosas.

Luz y bendiciones para todos.




VIENTOS DE CAMBIO

Dicen los que saben leer en el Cielo que este es un momento de grandes transformaciones. Que estamos bajo la influencia de fuerzas poderosas que, en su danza, afectan nuestros movimientos mentales, emocionales, físicos, sociales. Y que ahora forman un nuevo dibujo en el espacio, un mapa nuevo, un diseño que habilita o muestra posibilidades de ser y hacer sumamente poderosas.
En este mes de Agosto, se presentan condiciones energéticas para un replanteo esencial en la vida de cada uno, pequeñas briznas individuales movidas por los inmensos vientos estelares.
Aquí, en el propio lugar, en silencio, escuchando tu corazón, ¿qué necesitas cambiar? ¿Qué semilla precisa brotar que todavía está latiendo bajo tierra? ¿Qué quieres ser? ¿Cuál es el profundo llamado de tu alma? ¿Qué fuerza creativa en tu interior no has podido honrar todavía? ¿Qué parte tuya espera y desea manifestarse? ¿Qué se lo impide? ¿Y cuáles son tus verdaderos aliados?
Dicen los que saben leer en el Cielo que este es un momento para regar la tierra y ver aparecer la vida, la vida que tu alma alimenta y quiere hacer crecer. Para sostener la tensión del conflicto entre lo viejo y lo nuevo, y permitirse danzar con lo desconocido.


Que tu mente sea intuitiva y clara. Que tu corazón sienta el latir con entusiasmo. Que tus manos estén llenas y abiertas, para dar y recibir. Que la creatividad sea resplandeciente. Que encuentres amor, confianza, serenidad y alegría. Que lo nuevo que el momento te traiga te acerque más a tu esencia.

ACERCA DE LA FELICIDAD

¿Hay alguna fórmula para la felicidad? Hoy día ya no nos animamos a hablar de felicidad. Parece una palabra excesiva, desbordante, casi maníaca… Hoy pensamos más bien en bienestar, en tranquilidad, en pasarla bien, en ausencia de dolor o de angustia…
Pero allá en el fondo fondo… seguimos pensando, deseando y apostando a alguna forma de la felicidad. Aunque sea efímera, o breve… Aunque tenga un poco mucho de ilusión…

La idea —y la sensación— de felicidad, cambia con los momentos, con las situaciones, con los años. Y generalmente tiene más que ver con un sueño a cumplirse, un fin a alcanzar, que con la certeza de algo que está ocurriendo en el momento presente.

¿Cómo definirías hoy tu idea de la felicidad? ¿Te sientes feliz? ¿Qué crees que te haría sentir feliz?

Felicidad puede ser un concepto tan grande que se vuelve lejano, como una montaña que sólo se puede ver entera a la distancia. A veces el tiempo pasa y sólo mirando hacia atrás nos damos cuenta de que habíamos sido tan felices…
Cuando la acotamos un poco, cuando la reconocemos como un estado profundo que cambia de oleaje y de color en la superficie, es más fácil sentir que somos felices. Porque podemos ser felices “a pesar de”: a pesar de la tristeza de un momento, de la frustración de aquella expectativa, de lo que demora en cumplirse aquel deseo, de tal o cual cosa que falta.
A veces nos pasa lo contrario: tenemos “de todo”, no parece haber motivos especiales de tristeza o preocupación, nuestros deseos parecen realizados… y sin embargo no somos felices.
Qué cosa más extraña y elusiva puede ser la felicidad.

Personalmente, a veces pienso que lo que deseo es serenidad, y levedad. Levedad, liviandad, como se quiera llamar a ese estado opuesto a ser denso, solemne, pesado. Ese estado tan próximo al juego, a la creación, a la risa, a la ternura… Serenidad para enfrentar lo que la vida traiga y poder pensar y resolver… Levedad para abrir la puerta de la alegría. Para no enredarse en los vericuetos de la importancia personal, de los malos humores, del exceso de obligaciones, de la exigencia desmesurada sobre uno mismo y sobre los demás. La densidad de los amores tortuosos, torturantes, torturados. Y el miedo, sobre todo el miedo, que es parte del efecto de no poder tomar algunas cosas más livianamente.

Alguien escribió que los ángeles vuelan porque se toman a sí mismos con mucha ligereza.

No encontré ninguna fórmula para la felicidad. Pero me doy cuenta de que cuando me acuerdo y hago las cosas que me llevan a sentirme serena, centrada, y también liviana, lo que siento es muy parecido a eso de ser feliz.

ENCUENTRO

“Pedes in terra, ad sidera visu ...” : los pies en la tierra, la mirada en los astros...

Sobre el mundo se apoyan
nuestros frágiles pies
y el Universo nos abarca.

Hombre, mujer
Cielo y tierra
lo Creativo y lo Receptivo
conjugándose.

Como rezan palabras milenarias:
“lo Creativo, en virtud del comienzo que ha establecido,
es capaz de propiciar con belleza al mundo entero.
Y lo Receptivo, en su riqueza, es portador de todas las cosas,
lo abarca todo en su amplitud, y lo ilumina todo en su grandeza”.

El tiempo es el espacio
en el que todo cobra
dirección y sentido.
Lo finito y lo infinito se unen
y entrelazan.

Desde nuestras diferencias
buscamos encontrarnos,
y el mejor camino es una armónica danza:
la danza cósmica de aquello que se busca
para reconocerse,
similar y diferente.

Entre la luz y la sombra
la vida se desplaza
se multiplica
se divide
se resta
se suma
se potencia.

Cada ser encierra en sí
el misterio de la existencia toda.
Cada mujer es,
a su modo,
todas las mujeres.
Cada hombre es,
a su manera,
todos los hombres.

Ambos son,
en el encuentro,
la promesa resarcida
del encuentro de todos,
la reiteración siempre novedosa
de la vida.

Y si dos seres,
caminando su camino
danzan y se unen
con los pies libres
y las manos juntas,
con la mirada lúcida
puesta en lo lejano,

si se trascienden
en proyectos,
si integran su pasado,
si se hacen a sí mismos
y se reconocen prodigándose,

si se enfrentan desnudos
a la Verdad que crean,
si descubren que el Amor
—dando y recibiendo—
es viceversa...

Entonces…
viven en Sabiduría.

Y así la vida se completa.

Y entonces…
como dijo un anónimo poeta
“sea que lo entiendas o no,
el universo marcha como debiera".



(Incluido en el libro “Sabiduremas”,  de Lía Lerner)

¿EXISTE LA OBJETIVIDAD?

  Naturalmente tendemos a creer que el mundo se nos presenta "tal cual es", igual para todos, y que nuestra percepción nos muestra y describe a la perfección lo que ocurre. Crecemos convencidos de que "hay que ver para creer" porque la mirada es totalmente confiable, un puro espejo de los acontecimientos. Por eso nos sentimos tan heridos o enojados cuando otra persona interpreta los hechos o los dichos de una manera diferente.
 "INTERPRETAR” es la palabra clave. Numerosos investigadores de la naturaleza y el comportamiento humano demostraron que no nos relacionamos con lo que nos rodea en forma directa: la percepción es un registro de vibraciones —visuales, tactiles, auditivas, etc.—, que nuestro cerebro decodifica e interpreta de acuerdo a lo que conocemos, a lo que hemos aprendido, y al estado particular que tenemos en cada momento.
   En síntesis: toda percepción es una interpretación, teñida por emociones y recuerdos; es decir: siempre subjetiva, nunca realmente "objetiva". Y cada uno es un particular observador de la realidad, armándose su propia idea de las cosas, que se confirma como "verdadera" cuando otros coinciden en la misma interpretación.
   Pero la historia está llena de "Verdades absolutas" que con el tiempo se demostraron provisionales o directamente falsas.
   Poseer "La Verdad" siempre fue un argumento para detentar El Poder.
   Cuestionar la idea de objetividad —es decir, del acceso absoluto a una verdad también absoluta— tiene consecuencias muy profundas en la propia vida y en las relaciones.
   Cuando se toma conciencia del observador que uno es, cuando advertimos el poderoso acto de interpretación y por lo tanto de construcción personal que significa mirar y escuchar, cuando comprendemos que nuestra percepción no es sino interpretación, la vida puede girar 180 grados. Y nuestra forma de ser y de relacionarnos con los otros se modifica radicalmente.
  
Mucho de esto lo aprendí en mi formación como Coach, junto a Julio Olalla y Rafael Echeverría, después de lo cual mi horizonte se amplió enormemente y muchos aspectos de mi vida cambiaron para siempre.

   Sé que esta noción al comienzo puede inquietar e incomodar, porque ¿qué hacemos si no hay una forma única de pensar las cosas? ...
Pero luego expande el alma, la mente, el corazón, cuando advertimos que hay más de una manera de escuchar el mundo, de pensar la vida, de mirar la realidad y ser con ella.

(Más desarrollo de este y otros temas de Ontología del Lenguaje y Coaching en www.trenzandoideas.blogspot.com

REZO

PadreMadre del Cielo
guíenme;
que se haga la Luz en mi corazón
y en mi mente,
y que irradie el Espíritu
sobre cada una de mis decisiones
y mis acciones,
para que sean correctas.

Denme claridad
para ver Lo-que- es,
comprender el sentido de lo que ocurre,
decidir lo bueno y lo recto,
saber permanecer
y avanzar con fuerza,
y vivir siempre de acuerdo a los sagrados principios
de Verdad, Bondad y Belleza.


Que la alegría de la pureza
aligere mi paso,
que sintonice desde el Amor
con el Amor de los Otros
en claridad y justicia,
y que la paz sea
mi estado más frecuente.

Que mi alma evolucione,
dando por revocado todo pacto anterior
ligado al dolor o a la lucha;
que sepa defenderme
y perdonar también,
que la oscuridad se disipe
adentro y alrededor de mí.

Que pueda habitar
en el verdadero Hogar del que provengo
realmente,
viviendo en plenitud,
en creatividad,
en serenidad
y en paz conmigo,
con los otros
y con mis circunstancias.

Sea mi Ser el diamante que es,
ábrase en destellos de siete colores
al paso de la Luz
e irradie su amorosa certeza sanadora.

Que el mundo se ilumine y todos los seres sean felices.


Y así sea.

CAMBIOS: SER Y DEJAR DE SER


Más que ser, uno va siendo, dicen... Uno cambia y algunas cosas dejan de ser... ¿Qué hace uno con esos aspectos, esos rasgos, que dejan de formar parte de su identidad?...? ¿Adónde va lo que cambia y entonces no está más?... ¿Dónde está o en qué se convirtió, por ejemplo, la inocencia infantil o la espontaneidad adolescente? ¿Viejos sueños, ciertos deseos, lejanas vocaciones, aquellos amores?... ¿Qué hacemos con lo que no usamos de nosotros? ¿Siguen el camino de las bicis perdidas, de los juguetes rotos, los boletines de escuela, de las primeras medias largas o los zapatitos de taco, del álbum de figuritas de brillantes, la servilleta de papel donde escribimos ese corazoncito con dos nombres, de la libreta de teléfonos de hace 30 años?...

Todas esas cosas que guardamos tanto tiempo hasta que no las guardamos más. Reprimiendo para siempre el recuerdo del momento en que decidimos deshacernos de ellas para siempre. Como el acto de olvidar un amor imposible, o más bien un delito, un asesinato accidental, lo que no podemos integrar en la memoria de lo que seguimos siendo.

"HACER TIEMPO"

Caminar despacito, pararme sin apuro frente a las vidrieras de los negocios que aún permanecen cerrados, extasiarme con libros de imágenes tan hermosas que me llenan los ojos de lágrimas recordándome mis tiempos de acuarela...
Llego al bar chiquito y coqueto de la vuelta, no al grande y populoso de la esquina donde va todo el mundo. Acá es todo azul y rosa, y muy agradable. Pido un té con medialunas que me dispongo a saborear mirando la mañana en la plaza a través del ventanal. ¡Qué placer inesperado!...
De pronto advierto que podré disponer de este placer todos los jueves. Todos los jueves, si sigo con el programa de radio, después del consultorio tendré que hacer tiempo durante una hora.
Y de pronto caigo en cuenta, sorprendidísima, de lo que realmente dicen las palabras: hacer tiempo.
Cuando acomodé los horarios en la agenda, me dije preocupada que iba a tener que hacer tiempo durante una hora o más. Pero la preocupación era porque iba a perder tiempo una hora y media o más.
Pero me he encontrado con una hora de leer, de tomar un rico té en un lindo bar frente a la plaza que puedo ver cambiar de color con las semanas, una hora de pensar y escribir como cuando estoy en una ciudad que no conozco y tengo que ordenar mis impresiones... Una hora que me puedo regalar, para tocar en mi corazón los recuerdos que suenan, que vibran, que me arrancan sonrisas o lágrimas. O bien, una hora de ordenarme, de centrarme en mí para estar conectada con lo que quiero hacer, con lo que quiero decir.
¿¿Perder tiempo??... ¡¡Hacer tiempo!! Hacer ese tiempo que me hace, que me hace ser. Ese tiempo en el que me reconozco. En el que pienso, siento, creo, disfruto...

Qué poco tiempo le damos al tiempo.

VOLVER AL CENTRO

Cuando vuelvo a mi centro vuelven las palabras acompasadas, el color, las formas, la poesía. Me inunda el amor, que emerge de un profundo respeto y reconocimiento por mí misma, por esa gota de Luz que hay en mí, como en cada uno de nosotros. Respeto y reconocimiento por lo que pude hacer, por lo que hago, por mi dolor, por mis capacidades, por mis dificultades, por todas las vidas que fueron necesarias para llegar aquí.
Cierro la herida.
Y no espero que nadie se haga cargo de cerrarla, que nadie tenga que venir a rescatarme. De mi vida.
Eso. Me miro con respeto. Con apreciación y consideración. Siento lo que soy capaz de sentir. Y detrás de las críticas y los pesares, resplandece también el amor que siento por mis seres queridos. Respeto y reconocimiento. Y puedo valorarlos más allá de lo que espero de ellos y más acá de lo que ellos esperan de mí.
Cuando vuelvo a mi eje aparece mi esencia. Y vuelve la creación, la expresión, la necesidad de manifestarme y, por lo tanto, de comunicar. y es un punto tan luminoso.
Y allí hay paz. Y mucho y tibio amor. Y belleza. Y simples verdades.
Esa es mi casa. Ahí es CASA.






PREGUNTAS ESENCIALES


Quizás la pregunta esencial no sea “¿Estoy siendo yo mismo/a?”, sino “¿Me estoy haciendo a mí mismo/a en la dirección correcta?”
No se puede ser otra cosa que “uno mismo”. Aún cuando copiemos, imitemos o nos identifiquemos con otro, estamos siendo lo que somos: alguien que copia, que imita, que se identifica con otro. Aún cuando nos resistimos a ser, somos.
Pero en realidad, ¿somos?... ¿O permanentemente vamos siendo, —haciéndonos— en cada acto, en cada elección, en cada emoción que dejamos que persista, en cada pensamiento o creencia que cultivamos?
¿Y a qué me refiero con “la pregunta esencial”? A aquella que se pregunta de veras por el sentido de la propia vida, cuya respuesta colabora —precisamente— a perfilar dicho sentido.
Ante cada decisión importante puede ser necesaria esta pregunta: lo que estoy decidiendo, ¿me acerca más a expresar lo profundo de mi ser, o bien, de mi necesidad de ser? ¿Me lleva a realizar lo mejor y más valioso de la potencialidad que hay en mí? ¿Crezco y soy “más verdaderamente yo” si elijo esto? ¿O todo lo contrario?
En otros términos, ¿es este el llamado de mi Alma? ¿Y cómo saberlo?

Hay muchas respuestas posibles. Y cada una tiene consecuencias para la propia vida y también implicancias éticas y morales porque afectan a otros.
A lo largo de mi vida, veo que voy cambiando mis respuestas a algunas preguntas que persisten.
Hoy me parece buena la posición que John Payne sintetiza: no se trata de cumplir “una misión” especial en la vida, supuestamente elegida o asignada antes de nacer, sino de escuchar verdaderamente lo que necesitamos ser. Podemos elegir cualquier misión. Tampoco creo que haya que fomentar un egocentrismo a ultranza. Pero sí aprender a atender a nuestras reacciones emotivas profundas, ese bienestar o malestar que surge cuando estamos buscando nuestro verdadero objetivo, lo que es nuestra verdadera necesidad. Esa que se encubre y distorsiona a veces por miedo, por pereza o por un exagerado sentido del deber a otro.

Cumplir con nosotros mismos nos ayuda también a ser mejores con los otros. Cultivar la propia alegría, el sentido de realización, la autonomía saludable, hacer cosas que nos den expansión y crecimiento, entusiasmo y esperanza, deseo de presente y de futuro, creatividad y paz… seguramente aporta a nuestra capacidad de amor y de generosidad.

Eso no significa que no debamos atravesar conflictos de intereses, dudas, angustias… y a veces también postergar algunas cosas. Pero eso es parte de la vida. Y quizás lo verdaderamente importante sea vivirla a pleno, con sus luces y sus sombras. Pero en conciencia.

Te invito a leer...

Texto nuevo en Trenzandoideas, (www.trenzandoideas.blogspot.com) acerca de "Separarse".
Un abrazo a todos

CAMBIO PERSONAL: ¿EVOLUCIÓN O REVOLUCIÓN?

Adoro las conversaciones con mis amigas, especialmente con aquellas con las que sobrevolamos nuestras vidas, mirándolas en perspectiva, tratando de comprender y asimilar formas comunes y líneas diferenciales.
Repasamos y reconocemos los avatares de las vidas individuales, de los vínculos, del país, y también del mundo.
Porque... ¿cómo podríamos marginar nuestras existencias individuales y familiares, separándolas de los acontecimientos que nos rodean?...
De todos modos, trazamos planos en nuestra imaginación que luego no coinciden con los grandes mapas del universo. Anhelamos una evolución lineal y ascendente de nuestros proyectos, cuando sabemos —en rincones más sabios de nuestro corazón— que el camino recto tiene muchas vueltas.
Y nos encontramos con la persistencia de un malestar insidioso, de una indefinida angustia que no afloja ni calla, aunque no sepamos con claridad qué dice.
—Tal vez se trata de la porción de sufrimiento del mundo que a uno le toca...— sugiere mi amiga Gabriela.
Visto desde ese lugar, planeando desde arriba, parece tan pequeño e insignificante el propio malestar... que es fácil caer en la tentación de sentirse un poco más descontenta, esta vez con una misma. O sea: culparse.
—Yo suelo creer que mi malestar proviene de lo que no termino de hacer. Que si lograra publicar todo lo que he escrito, o pintar lo que no pinto, mi vida sería diferente. También, por otro lado, suelo creer que si los que quiero me quisieran como necesito ser querida, viviría un Disneylandia permanente.
—Sin embargo, uno ve gente que parece tener la vida de realización y amor que una desearía, y tampoco se ven felices...
“La pelota del otro siempre parece redonda, pero todas en algún punto se ovalan...”, recuerdo que alguien me dijo sabiamente.

La gente no es feliz en forma estable y permanente.
Esencias florales, psicoterapia, meditación, yoga, charlas con sabios amigos y con amigos sabios... Mil modos de seguir buscando un cambio de percepción para sentir diferente.
La evolución del alma: el camino para que la angustia, poco a poco, gota a gota, se transmute. Promesas de coros angélicos celebrando la resurrección tras dejar atrás los infiernos de la carne. Del amor frustrado. Del reconocimiento insuficiente. Del tiempo implacable y también insuficiente. De la lucha que, como sabemos, es cruel y es mucha. Y del mundo que, también sabemos, siempre fue y será una porquería. Ya lo sé.

¿Y si fuera al revés?...
¿Y si hubiera que agarrar esa angustia, esa ansiedad, por el cogote, y sacudirla hasta que soltara prenda?... ¿Si hubiera que encararla y obligarla a que nos conduzca —como un Can Cerbero dominado— hacia el otro lado del abismo?...
¿No será la evolución del alma el argumento para quedarnos aquí, siguiendo con el picnic a pesar de las hormigas, para no pegar el salto al festín que siempre suponemos en la otra orilla?... Allí, donde los lirios siempre son más amarillos y la hierba más verde.
¿No es esta dieta saludable de opciones consecuentes, reflexivas, hipocalóricas e hipocondríacas lo que nos mantiene sumisos y ordenados, tratando de de evitar el peligroso colesterol de las pasiones?

Dos voces internas se pelean, enredándose en una trifulca estrepitosa.
Somos dignas hijas de nuestro tiempo. El fruto de crecer entre el Flower Power, América Liberada, la New Age y el descarnado postmodernismo.
¿Evolución del Alma?... ¿O revolución?...
¿Y si la angustia pequeña, comprimida como un caldito en cubo, fuera la sustancia de la sopa con la que el alma precisa alimentarse de veras? ¿Qué pasaría si le diéramos espacio en nuestros huecos, y le vertiéramos el agua de las emociones? ¿Y si tuviéramos que escucharla para que nos dijera lo que necesitamos cambiar, en lugar de acallarla?:..


Cuando Buda se iluminó, no cambió el mundo, sino Buda.

¿Evolución? ¿O Revolución del Alma?

LA VOZ DEL ALMA

A veces me quedan bachecitos de tiempo, minutos libres que no dan para empezar a leer nada, tampoco para ponerse a trabajar en el taller… Y tampoco me dan ganas de ponerme a contestar mails o resolver temas domésticos, como si cualquier cosa que sintiera “obligatoria” me produjera un instantáneo rechazo.
¿En qué mares quiero navegar entonces? El pensamiento se me hace demasiado insustancial e incorpóreo para quedarme… pensando. Necesito pasar las palabras a alguna forma de soporte, ni siquiera sé si para volver después a ellas, o sí —como las miguitas de Hansel y Gretel— para poder regresar alguna vez a no sé sabe dónde. Aunque ya sepa que no hay adónde regresar.
Por eso escribo.
Y porque yo confío en mis palabras. Palabras que son y no son mías. Confío en la voz interior que dicta sin que me pare a pensar ni corregir nada. Soy yo más que nunca y no soy yo. Es esta voz amiga que viene acompañándome la vida desde que soy pequeña, que se revela en el primer diario íntimo escrito a los nueve y que prácticamente no se detuvo más.
Debe ser la voz del alma. La que toma mi mano y escribe. La que me saca de apuros si paro cuando estoy apurada. La que se autoconvoca cuando cierro mi boca. La que acude con tres respiraciones lentas y profundas que abren el pecho y hacen eco al corazón para que sea escuchado.
La voz del alma que a veces se torna esquiva hasta que recupero el modo de llamarla. O me siento quieta y ofreciéndole algo, como quien llena su mano de alimento y espera que se acerque un pájaro.
La voz que se diluyó un poco y se escondió entre otras palabras, en los años negros de la represión. Coincidentemente, allí desaparecen mis relatos, muchos de ellos. Cuando no desaparecen los hechos, desaparecen los actores, los nombres, los rostros dejan de ser descriptos, se vuelven confundibles…
Somos lo que somos, y lo que el tiempo ha hecho de nosotros.
La voz de mi alma ha escondido, en alguno de sus pliegues, algunos de mis recuerdos. Como en muchos de mi generación.
Pero nunca ha callado, nunca ha huido. Siempre encontró algún ropaje para salir a la calle. Para no morir de encierro ni encerrada.
Pero esto es otra historia. O es otra parte de la historia.

La voz del alma es la que nos hace sentir acompañados y contenidos cuando estamos solos. La que prende una luz que ilumina el camino y dice "Por ahí", y es cierto. La que nos enseña y nos corrige con amor como Pepe Grillo, para caminar en lo verdadero.

Tiene un solo inconveniente: es evenescente. Como la sonrisa del gato de Chesire, cuando hablaba con Alicia, a veces solamente deja un rastro. Y depende de nosotros el volver a encontrarla.

REFLEXIONES EN TORNO A DIOS (ESPIRITUALIDAD DE ENTRECASA)

¿Qué tan cerca del paraíso se puede estar? ¿Y cuál es la “actitud correcta” cuando uno está allí? Estoy frente a un paisaje tan hermoso que parece casi irreal. (¿Qué rasgo de carácter es este que la belleza y el bienestar me parecen un sueño?)
Estoy sentada en un jardín de rosas, sobre una alfombra verde, frente a un lago azul cerúleo con destellos de plata. En la orilla de enfrente hay otras lomadas verdes, bordeadas de pinos, alerces, coihues y otros bellos árboles, casitas como de cuentos, y más lago azul después del verde. De la casa llega el olorcito tibio del próximo almuerzo y la música celta con la voz dulce de Loreena Mackeenit. Si alguien quiso establecer una escenografía perfecta, lo logró.
A veces creo que, si hay Dios, si la Energía estuviera personificada de alguna manera, se trataría de un guionista. Algo así como que Dios, en su infinito poder y poderlo todo, tiene que manifestarse permanentemente. Y si tiene alguna conciencia con algún parecido a la humana, en imagen y semejanza, si Dios lo es Todo, Es y Tiene también la condición posible del aburrimiento. Por eso todo el tiempo pasan cosas. Y ni un segundo se detiene la manifestación del ser. Entonces, decía, Dios puede aburrirse pero como es Dios, también tiene la capacidad inmediata de crear las condiciones de Ser que le impiden aburrirse. Y entonces, constantemente, imagina situaciones encadenadas, simultáneas, sucesivas, interconectadas y pluridimensionales, condiciones propicias y necesarias para que lleguen a manifestarse las cosas que se Le ocurren. A veces esas cosas pueden ocurrir dentro de los parámetros de este juego —que tiene sus leyes… y Sus leyes— que llamamos “realidad”. Pero otras veces el argumento obliga a forzar un poco los acontecimientos, y aparecen los efectos especiales. Ahí es cuando lo vivido nos parecen un sueño. O una pesadilla. O un milagro.
Bueno, ya me ha tocado participar en más de una pesadilla o una película de terror en la cual alguien escribía el argumento, y ahora se me obsequia un bello sueño o un grato relato de viaje. He sido convidada a participar de un episodio de buen humor de Dios, de un Dios bucólico.
Ocasionalmente me parece que contacto con cierto sentido del humor divino. Chistes de los que los humanos difícilmente podríamos reírnos. Como cuando un niño levanta una torre de cubos y ríe al derribarlos de un manotazo.
Sí, ya sé, no comparto —lamentablemente— la visión de un Dios que sea absoluto Amor, porque me parece que en ese caso Dios dejaría de ser absoluto. Veo a Dios como un Poder Ilimitado, como la Esencia misma que subsiste en cada una de las cosas, hechos, acontecimientos, inspiraciones y exhalaciones del universo, desde menos de un micrón hasta la mayor de las galaxias.
Dios es el concepto que me permite pensar en un Todo que todo lo abarque. Es mi única referencia conceptual de Completud. ¿Hace falta tal concepto para vivir? Lo ignoro. Se me produce a veces, emerge, surge por propio impulso o necesidad… algo más allá de mi yo, wu wei, algo que simplemente sucede… (Cuando me pongo filosófica las palabras se vuelven a la vez filosas y resbaladizas y deseo atrapar la más exacta y no siempre encuentro la que me satisface del todo, como si me probara muchos pares de zapatos que me gustan y ninguno me calzara realmente.)

Y en este plano de manifestación, parece que todo lo que surge con un signo generara algo de signo contrario. Positivo y negativo.

Pero eso ya es tema para otra reflexión...

ALEGRÍA

SORPRÉNDANSE.
En el sorprenderse está la semilla de la alegría.
La alegría trae bienaventuranza.
Y la bienaventuranza trae gratitud.
Y sólo la gratitud nos confirma en la alegría.

LA PRÁCTICA TRANSPERSONAL, en palabras de KEN WILBER

(...) "Pero también me gustaría apuntar que todos recordemos la importancia de la práctica transpersonal. Nuestra práctica debería ser la meditación, o el yoga, o la contemplación, o el vision quest, o el satsang, o el trabajo espiritual o cualquier trabajo hecho con ecuanimidad.

    Pero, seriamente, debemos practicar. (…) Y la práctica, el paradigma, el modelo ideal de los estudios transpersonales es: meditación o contemplación, no importa el nombre.

    Y así, por favor, ¡practiquen! Dejen que eso les guíe. Y creo que encontrarán, si su práctica madura, que el Espíritu les alcanzará y bendecirá cada acto y palabra y serán llevados mucho más allá de sí mismos y la divinidad resplandecerá con la luz de miles de soles y gloria sobre gloria os serán dadas y estaréis en cada camino como en casa. Y entonces, a pesar de todos vuestros pretextos y objeciones, encontraréis la obligación de comunicar vuestra visión. Y precisamente por eso tú y yo nos encontraremos. Y ese será el retorno ideal del Espíritu a sí mismo." 

KEN WILBER, entrevistado por Frank Visser, 1996

ENERGÍA

La Energía lo es todo. Es Amor, Voluntad e Información. Es esencia , condición y posibilidad de la Creatividad. No es el propósito, pero sí el combustible del Deseo. Alimenta los proyectos y sostiene para llevarlos a cabo. Luz que se convierte en materia. Fuerza que se convierte en hechos.
Sin Energía no podemos luchar por lo que es justo y necesario.
La Energía es Alegría, y Fe, Seguridad y Confianza.
La Energía conecta con la Sabiduría.
Es la fuerza que impulsa, une, combina, dirige, produce, sostiene.
Es todos nosotros y es ninguno.
Y cuando es el tiempo del final, se libera a sí misma de las formas.
Y recomienza Algo.

LOS AFECTOS DE SIEMPRE

  ¿Qué son "los afectos de siempre”?
Los afectos son como seres vivos que también necesitan alimentación y sustento, que crecen y a veces se reproducen, que se comunican o viven en el mayor silencio, que se enferman o se curan, y que además corren el riesgo de morirse. Algunos nacen por accidente, pero no todos. Algunos terminan por accidente. Y otros después de una larga agonía. Algunos parecen buenos, otros malos. Y nunca terminamos de conocerlos por completo.

   Los “afectos de siempre” parecen ser aquellos que sobreviven no sólo al paso del tiempo, sino al efecto de los cambios. Los nuestros, los de los otros, los del mundo que nos circunda.
   Quizás por eso les damos un valor especial: el de haberse sostenido, el de haber sobrevivido, como si eso denotara un valor especial, una fortaleza considerable.
   Y muchas veces así es. Y esos afectos —esos vínculos— se construyen y se deconstruyen, se generan y se regeneran, pasan por crisis, las superan. Y entonces nos alejamos para vernos mejor y volver a encontrarnos. 
Los vínculos están vivos cuando cambian a medida que cambiamos, y el amor se regenera y toma nuevas formas sin perder contenido.


  Pero a veces “los afectos de siempre” quedan simplemente instalados como viejas fotografías que uno conserva aunque se vayan poniendo amarillentas, aunque ya no reconozcamos las caras, los lugares, los momentos. O como objetos cuyo valor y sentido desapareció hace tiempo. Ya no sabemos de dónde vienen,  por qué los conservamos… Y como esos objetos, nos ocupan un espacio.

TENGO QUE...

Un barcito… No tengo ganas de irme… ¿Qué apuro? Y…—aquí debería venir un gesto de “¡Obvio!”— : ¡las cosas pendientes!… que siempre creo urgentes.
¡Qué pocas ganas de irme! Preferiría quedarme acá, donde nadie me pide nada. Al contrario. Yo pido. Pido un café y después otro, una medialuna de manteca, que bajen un poquito la tele… Ponen música. Linda. Tele sin audio. Si no quiero no miro.
Hay épocas en las que me faltan las pausas, sentir que la vida es más un pulso que un esfuerzo sostenido. No hay música posible sin silencios. Una nota interminable es un suplicio.
Muchas veces la noche no parece un blanco, el espacio de descanso, vacío y silencio verdadero. Más bien parece que mientras intento dormir, mi cabeza sigue trabajando, como una maquinita golpeteando y golpeteando. Me recuerda los bracitos de metal de las viejas máquinas de escribir, o el traqueteo de los aparatos antiguos que transmitían en Morse. Y mi cerebro, la tipógrafa loca.
Y me despierto como si la cama fuera de piedra, con frío o con calor, siempre incómoda.

Respiro (siempre ayuda). Me conecto con lo que vino pasando, con lo que siento.
Y me doy cuenta de que iba planeando sobre el mar de las cosas durante varios días, hasta que una situación fea me tiró de un hondazo.
Tengo que volver a remontar vuelo. Sobre las pequeñas frustraciones de la vida, las rasgaduras a la tela del amor, que a veces parece demasiado frágil, demasiado sensible…
Volver a remontar vuelo aunque tenga frío y tenga calor y tenga que ir al banco y a terminar las compras y no tenga ganas de arreglarme las manos. Tengo que… tengo que… tengo que...
Quiero pasar del “tengo que” a la conciencia de lo que tengo. Para poder sentirme agradecida.

En el acto de agradecer lo que se tiene, florece la alegría de tenerlo.

TIEMPO “ÚTIL”, TIEMPO LIBRE… ¿QUÉ ES “LO IMPORTANTE”?...

Como mujer de hoy me enfrento a la necesidad –y muchas veces a la urgencia– de decidir, momento a momento, a qué dedicar mi intención, mi atención y mi energía.
Antes de tener armada una familia propia, el tiempo libre era el tiempo de entregarse a alguna actividad, muchas veces a la producción, fantaseando con una supuesta trascendencia que no tenía, quizás, la menor trascendencia.
Pero ahora, y ya desde hace mucho tiempo, mi vida fue volviéndose cada vez más multidimensional. Como decía Merryl Streep en “Los puentes de Madison”, –y me gusta citar– “cuando una mujer se casa, su vida se llena de detalles”…
Entonces tengo que elegir.
¿Dedico un tiempo más a ver el material o las cartas natales de mis pacientes? ¿Organizo una cena con mis hijas y sus parejas? ¿Salgo a comprar algo para la casa? ¿Me doy un rato más para terminar la escultura o la pintura que estoy haciendo en el taller?... ¿Preparo la propuesta para un nuevo grupo? ¿O pido hora para el dentista antes de que el dolor me obligue? ¿Y una escapada al gimnasio (del que me escapo regularmente)?... También hay que mandar a arreglar ese o aquel aparato. Y muchos llamados telefónicos y mails para contestar. Comprar un regalo de cumpleaños. Y hacer ver la gotera del living… ¿Organizo algo para el fin de semana?... Pero mucho mejor sería sentarme a escribir: mis cuentos ilustrados, los blogs, el artículo que quería terminar… ¡¿Qué?!…
No voy a seguir la lista. Puede ser interminable. Como le pasa a tanta gente.
Y además están las interrupciones. Las de los otros y las mías, que constantemente me interrumpo a mí misma. Suena el teléfono. Una puerta cerrada no alcanza para dividir las conversaciones que quiero escuchar de las otras. ¡Si tan sólo hubiera pedido que no me interrumpieran!.. Pero hay pedidos que me cuesta hacer. Me baso en la fantasía de ser indispensable e insustituible. ¡¡¡UF!!!

Respiro. Me centro. Entonces me puedo sentir…
Hay un espacio interior que es mucho más luminoso y calmo que la multiplicidad que bulle a mi alrededor y en mi mente. Un lugar de silencio donde puedo escucharme. Un lugar de unidad.
Re-cordar es volver a pasar por el corazón. El que siempre sabe pero muchas veces cree que ignora.
Entonces recuerdo: no hay nada importante en sí mismo. Todo es una elección personal que depende de mis propios valores, de mis propios juicios...
Como otros,  tuve que aprender a escuchar a mi corazón, y no sólo revisar mentalmente los libros y códigos que aprendí, tratando de encontrar el capítulo de “Qué es ahora lo importante”...
Palabras, muchas palabras con fuerza de ley pero con un latido ajeno. Argumentos con los que terminaba en una disputa inútil, sólo para comenzar una vez más el mismo circuito.

El tiempo no es el verdadero tirano, no es simplemente un bien escaso y no renovable. Y si lo es,… es.

Cuando recuerdo que se trata –realmente– de elegir y reordenar mis prioridades, me encuentro en una nueva conversación conmigo misma.
Se abre un cielo enorme, a veces oscuro pero lleno de estrellas que ya no necesito consultar acerca de mi destino. Y, una vez más, la mirada vuelve a mi corazón.
Quizás la sabiduría consista en ver lo obvio. Y recordarlo.

Un texto que me acerca Susana Salzamendi a título de Comentario sobre la entrada: (Gracias!)

La palabra china que denota el adjetivo “ocupado” consta de de dos partes: una simboliza el corazón; la otra, la muerte. Así, extrapolando el significado de esta palabra, estar excesivamente ocupado es como tener el corazón muerto. Sin embargo, en nuestra sociedad, estar ocupado es una virtud. Si alguien pregunta: “¿Está ocupado?”, probablemente la respuesta sea: “Sí, no tengo tiempo para nada”. Pero nunca, y aunque sea cierto: “No, en realidad, no tengo nada que hacer”. Acostumbramos a asociar el estar ocupado con el éxito: sólo los fracasados no están ocupados. No obstante, hay gente que, a pesar de estar siempre ocupada, navega a la deriva sin saber adónde ir. (...).Chin-Ning Chu*


*Chin-Ning Chu nació en China, donde estudió filosofía y estrategia. Posteriormente emigró a Estados Unidos y fundó el Instituto de Aprendizaje Estratégico. Es autora de varios libros, entre ellos una versión del Arte de la Guerra, de Sun Tzu, para la mujer. También del best-seller Hacer menos, conseguir más, del que publicamos algunos párrafos.