Siempre sentí la necesidad de desarrollarme al menos en dos áreas: la psicoterapia y el arte. No siempre podía vincular todos mis intereses, mis recorridos, y las identidades que se iban despertando en cada experiencia. Sin embargo hoy creo firmemente que nada de lo ocurrido fue casual ni superfluo. Lo espiritual es es el trasfondo, una manera de llamar a Eso inefable que trenza, entreteje, sostiene y da sentido a las cosas. Bendigo cada búsqueda y lo que puedo aprender de vivir... trenzando mundos. Este es un intento de transmitir algo de ese aprendizaje, aún sabiendo que cada experiencia tiene mucho de intransferible.



SILVIA JUDIT LERNER
Contacto: silviajlerner@gmail.com

TENGO QUE...

Un barcito… No tengo ganas de irme… ¿Qué apuro? Y…—aquí debería venir un gesto de “¡Obvio!”— : ¡las cosas pendientes!… que siempre creo urgentes.
¡Qué pocas ganas de irme! Preferiría quedarme acá, donde nadie me pide nada. Al contrario. Yo pido. Pido un café y después otro, una medialuna de manteca, que bajen un poquito la tele… Ponen música. Linda. Tele sin audio. Si no quiero no miro.
Hay épocas en las que me faltan las pausas, sentir que la vida es más un pulso que un esfuerzo sostenido. No hay música posible sin silencios. Una nota interminable es un suplicio.
Muchas veces la noche no parece un blanco, el espacio de descanso, vacío y silencio verdadero. Más bien parece que mientras intento dormir, mi cabeza sigue trabajando, como una maquinita golpeteando y golpeteando. Me recuerda los bracitos de metal de las viejas máquinas de escribir, o el traqueteo de los aparatos antiguos que transmitían en Morse. Y mi cerebro, la tipógrafa loca.
Y me despierto como si la cama fuera de piedra, con frío o con calor, siempre incómoda.

Respiro (siempre ayuda). Me conecto con lo que vino pasando, con lo que siento.
Y me doy cuenta de que iba planeando sobre el mar de las cosas durante varios días, hasta que una situación fea me tiró de un hondazo.
Tengo que volver a remontar vuelo. Sobre las pequeñas frustraciones de la vida, las rasgaduras a la tela del amor, que a veces parece demasiado frágil, demasiado sensible…
Volver a remontar vuelo aunque tenga frío y tenga calor y tenga que ir al banco y a terminar las compras y no tenga ganas de arreglarme las manos. Tengo que… tengo que… tengo que...
Quiero pasar del “tengo que” a la conciencia de lo que tengo. Para poder sentirme agradecida.

En el acto de agradecer lo que se tiene, florece la alegría de tenerlo.