Siempre sentí la necesidad de desarrollarme al menos en dos áreas: la psicoterapia y el arte. No siempre podía vincular todos mis intereses, mis recorridos, y las identidades que se iban despertando en cada experiencia. Sin embargo hoy creo firmemente que nada de lo ocurrido fue casual ni superfluo. Lo espiritual es es el trasfondo, una manera de llamar a Eso inefable que trenza, entreteje, sostiene y da sentido a las cosas. Bendigo cada búsqueda y lo que puedo aprender de vivir... trenzando mundos. Este es un intento de transmitir algo de ese aprendizaje, aún sabiendo que cada experiencia tiene mucho de intransferible.



SILVIA JUDIT LERNER
Contacto: silviajlerner@gmail.com

EL RECLAMO DE LO NUEVO: ENERGIAS DE CAMBIO EN LO PERSONAL Y MÁS ALLÁ

  Para quienes creemos que este Universo está regido en base a una organización espiritual y energética, este momento en el tiempo reviste una importancia trascendental.
  Constantemente se hace referencia a cambios en la estructura energética del planeta, lo cual influye en todos sus niveles, en todos sus aspectos, en cada una de las formas en que la vida se manifiesta sobre él.
  Para quienes creemos además que la estructura de los movimientos en el Cielo da cuenta también de los cambios en la Tierra, y que el microcosmos humano expresa —de forma variada y caleidoscópica— los cambios del macrocosmos del que forma parte inseparable, la Astrología actual tiene mucho que explicar, mucho que ofrecer, para que nuestras conciencias – y con ello nuestras emociones, nuestras acciones, nuestras relaciones – entren en afinidad y afinación con las circunstancias que atravesamos.
  A la vez, no es necesario pensar astrológica o espiritualmente para observar que todo se mueve a nuestro alrededor. Los cambios que vive la humanidad se expresan en todas las áreas, desde la telúricas a las culturales, en lo científico y en lo político, en lo artístico, en lo productivo, en las relaciones familiares y sociales… Nuevas propuestas y nuevas formas sacuden las estructuras conocidas, antiguos poderes se ven desafiados por el reclamo del cambio, y lo nuevo no siempre se presenta golpeando a las puertas con amabilidad.
  Todo cambio debe enfrentarse, necesariamente, con un movimiento de oposición: la resistencia al cambio. Ocurre a nivel individual tanto como social. Ocurre incluso a nivel físico —el principio de inercia—, y a nivel energético —la danza de las polaridades—. Mientras aún vivamos en esta realidad dual, este parece ser el modo de los procesos: el enfrentamiento de dos polos en los cuales se resolverá la tensión (provisoriamente, claro) por “triunfo” de uno sobre otro, o por integración o complementariedad.
  Se dice que el gran cambio se relaciona con una elevación del nivel de vibración en lo macro (cambio en el patrón vibratorio del planeta) que requiere la alineación de toda forma de vida sostenida desde esta estructura vibratoria, a la que también se alude como “Rejilla”. Esto hace que lo que no puede vibrar de manera afín con los nuevos patrones deba cambiar, entre en crisis o desaparezca.
  Nosotros, los seres humanos, vibramos físicamente (esto es detectable en cada una de nuestras células) pero también vibramos en función de nuestras emociones y nuestro estado de conciencia. Y cada uno de nosotros es importante y responsable de su nivel de vibración. Nadie es una entidad aislada y exclusivamente independiente. Y nadie puede abstraerse en forma total de lo que vibra a su alrededor. Así, cada cambio personal nos afecta “internamente” y afecta a nuestro entorno, que devuelve una nueva vibración o estímulo, generándose un círculo que puede ser vicioso pero también virtuoso. Este parece ser un momento en el cual nuestro poder personal puede recibir un input de crecimiento, de expansión considerable. Quizás tengamos a nuestra disposición más energía, entusiasmo y deseos de crecer, de crear y de expandirnos, como si surgiéramos de años de agobio o de estar abocados a resolver viejos temas pendientes. Algo nuevo puede venir.
  La energía disponible en este momento y para este año ayuda a remover viejas estructuras y obstáculos para que podamos dar forma a cosas nuevas, realizar sueños, ir hacia lo que queremos ser. Es también una energía conmocionante, y llegará probablemente de manera imprevisible, probablemente en alguna relación con nuestro estado de Ser. No como premio o castigo, sino como lo necesario para crecer.
  Como dice Lee Harris, en su artículo sobre Febrero 2011 (disponible en "El Manantial del Caduceo"), este es un momento de “tormentas y dones”. En general podríamos decir que nuestra vida oscila entre unos y otros. Pero en este momento parece propiciarse la presencia de cada uno, que a veces se presentan juntos.
  El mensaje para este momento es estar en contacto con uno mismo, tener momentos de reflexión, meditación o conversaciones que ayuden a estar concientes de las propias necesidades, de lo que el Alma pide y sugiere desde lo más profundo. Confiar en mejorar y propiciar, una en una, las distintas áreas de nuestra vida, aprovechando los vientos favorables. Hacerle lugar a la alegría y la creatividad, empezando por las cosas pequeñas. Como escribió Saint-Exupery en “El Pricipito”, referido a los baobabs, “Todo lo que es grande, empieza por ser pequeño”.
  Y en relación a los otros, conocidos y desconocidos, habituales y ocasionales, no engancharse con la ira, la confusión, el desborde. Propio y ajeno. Preservar espacios de serenidad y paz, dentro y fuera. Moverse desde el amor, que es lo que da la fuerza para sostenerse ante las desavenencias y sufrimientos… del amor.

Para ampliar estos temas, puedo recomendarles dos links donde hay mucho material interesante. Algunas cosas les resonarán más que otras. Ustedes eligen. Espero que encuentren palabras luminosas para el camino


Con amor
                  Silvia Judit

COMO SENTIRSE BIEN

    ¿De qué depende estar o sentirse bien?... En realidad, no tengo ninguna certeza, pero sí algunas hipótesis.
    A veces pienso que es una cuestión de destino: los cielos se mueven y nuestras almas con ellos, y así es que por momentos nos sentimos entusiasmados y livianos, y por momentos sufrimos pasando por situaciones verdaderamente desafiantes y dolorosas. Otras veces me parece que depende de circunstancias externas, concretas, que pueden confabularse —a favor o en contra— para que uno se sienta de determinada manera.
    A menudo pienso que estar bien depende de un trabajo honesto y profundo sobre uno mismo. (¡Soy terapeuta, debería saberlo!)
    Entonces, ¿de qué depende que nos sintamos bien?
Muy a menudo creemos que depende de la presencia o el trato de otras personas. ¡Qué esclavitud! Para los otros, y para nosotros mismos.
    Lo que voy a decir quizás parezca una obviedad, aunque sería una de esas que olvidamos frecuentemente: sentirse bien depende, esencialmente, de cuán bien se siente uno consigo mismo... Cuánta simpatía sentimos por nuestra propia persona, cuánto tenemos para reprocharnos, qué pensamos y sentimos al mirarnos al espejo...
Lo que recordamos, ¿lo recordamos con resentimiento? ¿con vergüenza?... ¿con culpa?
Sentirse bien con uno mismo depende muy especialmente del modo en que uno enfrenta sus conflictos, sus errores, sus defectos... ¿con intolerancia o con paciencia? ¿con negligencia? ¿con sabiduría? ¿con rigidez? ¿con soberbia? ¿con un exceso de culpa? ... ¿O con deseos de aprender y crecer?... Eso influye directamente en cuánto siente uno que puede valorarse y apreciarse, a pesar de no ser perfecto/a…
   Sentirse bien tiene mucho que ver con el tipo de diálogo que tenemos con nuestro propio corazón, las conversaciones que habitan en el fondo del alma.
    El amor de otro puede ayudar a hacer el proceso de llegar a buenos términos con uno mismo. Pero no puede  sustituirlo. Porque no hay amor de otro que compense la falta de amor por uno mismo.
    Sentirse bien proviene, además, de tener un sentido en la vida, o al menos, estar buscándolo (lo que también da un sentido). Una tarea que podamos amar, aún cuando no siempre sea grata o fácil, una ideología que nutra y oriente la vida cotidiana, un proyecto creativo que nos alimente a medida que lo alimentamos, el amor a otros más que el amor de los otros (pero sin excluirlo)… Y tener tiempo para lo que parece “perder tiempo”, darse permiso para la amistad, el descanso, la alegría y el juego.

   Debemos recordar que sentirse bien es siempre un estado más o menos pasajero, y que es necesario aprender a surfear sobre las olas de la vida, que son siempre cambiantes. Y confiar que ese movimiento puede volver a traernos paz y bienestar aunque de momento parezca imposible.
  
Sentirse bien, probablemente, obedezca a dos tipos de factores: los que dependen de uno y los que no dependen de uno. Creo que es tarea personal (y sabia) hacer que los primeros crezcan más que los otros.